Río Duero, río Duero, nadie a acompañarte baja.

“No es iluminarse excesivamene como perspicaz el señalar que la imagen misma de la cultura acumulativa es promocionada incansablemente por la pedagogía vigente. Por mucho que se nos aseste el lema internacional de aprender a ser –abusiva vaguedad de la que pudiera desprenderse que solo se puede ser de un único modo correcto- la educación sigue siendo la feroz guardiana de la formación como aprendizaje de cosas, las más posibles,…único modo de encauzar la competitividad en pos de los puestos de trabajo.” (Fernando Savater. En “Perdonadme, ortodoxos”.)

 

-           ¿Qué es el Duero?

-           Una rayita azul y ondulada en un mapa.

 

Pobre Duero, desterrado  de Castilla y León  y condenado por los hijos de la LOGSE a transcurrir por ningún lugar o, lo que solivianta en mayor medida a los tozudos y prolíficos enciclopedistas, convertido en ocupa, en usurpador de territorios y provincias que no le pertenecen. El Duero se nos ha vuelto un “ambulante interino”; estar está, nace, se desliza y desemboca; pero no tiene plaza en propiedad. Hoy en Lugo, mañana en Chalamera, calma la sed cultural de los cerebros primarios con sus experimentadas pero, al parecer, ignorantes aguas.

 

¡Ah, la experiencia!

La experiencia es la madre del cordero que, como se sabe, es un animal ovíparo. Con sus huevos, los del cordero, se entiende, y unos tuvóculos, las patatas que Evo Morales y sus inditos del Altiplano nos trajeron cuando conquistaron España allá por el año 492, se puede hacer una  tortilla tan alucinógena que es  capaz de dejar hemipléjicos a los redactores peperonianos de las bases de cualquier convocatoria para opositar a maestro.

 

Para gozo de los que inventaron el Trivial, revividores de rancias costumbres, los peperonios trabajan sin descanso para rejuvenecer la “Enciclopedia Alvarez”. Un poco de carmín por aquí, un poco de rimmel por allá y nuestros niños volverán a cantar la tabla del cuatro, que el Ebro nace en Fontibre y que soy español por la gracia de Dios y de los godos.

Y es que la LOGSE endemonió de tal modo a nuestros interinos que ha sido imprescindible practicar un exorcismo colectivo mediante “el escarnio público”.

 

Pero lo curioso es que los que se quejan de la afrenta  recetan a sus pupilos, léase nuestros hijos, la misma medicina que para sí rechazan. Y he ahí a nuestros primarios hijos memorizando los ríos y montañas, las comunidades autónomas y provincias de esta nuestra “…España, nuestra Patria esclarecida, madre sin igual, compendio del honor, solar de noble vida, regio pedestal del Cristo redentor”.

 

 ¿Suspender a alguien por no saber colocar en un mapa mudo la provincia de Ävila es más justificable que suspender al que no sabe quiénes fueron Recaredo o Sisebuto?

Puede, pero sospecho que en este nuestro postmoderno mundo la educación está secuestrada por la política, y ésta, hace ya años que no se ejerce desde los parlamentos sino desde el “Gran Supermercado”.

 

 Dejémonos de “mamandurrias” pedagógicas, sin olvido la vida sería insoportable y el aprendizaje, imposible.  Asi que no os preocupéis, la LOMCE no cambiará nada. Mientras no comprendamos que todos somos responsables de la muerte de los trabajadores textiles de Bangladesh, ninguna ley podrá cambiar la educación. Si padres y maestros no somos capaces de hacerles comprender que el río Brahmaputra nace en Fontibre y desemboca en el “Corte Inglés”,si no somos capaces de hacerles entender que lo importante del  río Brahmaputra no son las tierras que riega, la sed que calma, sino la mayor producción de camisetas al menor coste posible para maximizar el beneficio que engorda la tripa de los paraísos fiscales o los bolsillos insaciables de los filántropos que luego donan unos cuantos millones a Cáritas o a las ONGs, la educación será lo que diga Wall Street. Y a Wall Street le conviene que los niños aprendan que el Guadalquivir pasa por Sevilla, pero no es tan de su agrado que un niño cante, bañándose en sus aguas, la siguiente coplilla:

“Los ojos de mi morena

Se parecen a mis males:

Negros como mis fatigas,

Grandes como mis pesares”